Unos veinticinco corsos con mpas de cien murgas llenan de color las calles porteñas, plazas, clubes, polideportivos y anfiteatros, a puro bombo, platillo, banderas, máscaras y disfraces.

Desde el domingo último, distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires celebran el carnaval, en la edición número 158 en la que intervienen más de cien murgas.
Se trata de veinticinco corsos que visten de alegría y color las calles, plazas, clubes, polideportivos y anfiteatros con la participación de máscaras, mascaritas y disfraces. Los artistas son actores y bailarines callejeros de todas las edades y rangos sociales, en una convocatoria que aglutina a una masa variada de personas, que se entretiene, goza y aplaude.Con sus desfiles al son del bombo con platillo, banderas, estandartes y trajes coloridos, las comparsas entonan canciones de resistencia inundando los espacios públicos con su mística especial.” Esta actividad promueve la comunión colectiva, la cultura, que el vecino salga a la vereda y comparta con otros vecinos“.
La falta de promoción es histórica por parte del gobierno y con los delegados “dialogamos para revertir el fenómeno. Veníamos en la post pandemia de un descenso muy importante: en 2024 tuvimos solo 15 corsos, en 2025, 21, y este año, 24”.
Sueño Murguero se formó en el año 2009, en Villa Soldati. Además de los ensayos, “realizamos talleres rotativos dónde les enseñamos a los participantes a decorar los sombreros y los apliques, y arreglar sus instrumentos. Está es una manera de que chicos y chicas estén contenidos y no en la calle”.
“Participamos en los barrios, estamos en los festivales sin cobrar dinero, porque creemos que así se construye una sociedad solidaria. En las murgas convergen todo tipo de ideologías, no se hace distinción de nada. Porque el corso y la murga son lugares de encuentro, son lugares que nos dan felicidad”.
Desde las 18.30, los sábados, domingos y feriados de febrero familias, jóvenes, niños y niñas se convierten en grandes protagonistas de la fiesta colectiva, desplegando su brillo y su magia a través del baile y el canto.
”Las murgas son un lugar de inclusión, amén de que las elegimos como lugar de militancia apartidaria, creemos en su posibilidad de transformación social. Resistimos con alegría sin banderas políticas”.
“Hay sectores del gobierno, dentro del área de Cultura, que se han sentado a una mesa de diálogo, aunque con los tiempos acotados. Entienden la relevancia del festejo, que es patrimonio cultural y el único feriado propio de un ministerio. Trabajamos de manera consensuada y sacamos un texto común. El resultado fue positivo para el carnaval: volvemos a tener más de veinte corsos en la capital, después de la pandemia, es impresionante. Avenida de Mayo vuelve a ser el evento central este año”, aporta Felipe Fiscina, de la murga Los arlequines de la R, de Belgrano, donde su esposa dirige, su hijo, su hija, su sobrina y su sobrino tocan el bombo, la mamá se disfraza de pirata y la hermana lleva un cartel.
Este año hay más corsos en las calles que en las plazas y más noches de festejo. Serán en total 135 eventos en los diez días que suma el carnaval, lo que implica un crecimiento respecto de 2025, por el empuje de los corseros y las murgas. En un estudio propio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires surgió que el año pasado asistieron aproximadamente un millón de personas, sobre una población de tres millones.