La obra en el Puente Ezequiel Demonty llegó a su fin, tras cinco meses de obra.

El Gobierno porteño completó una intervención integral para poner en valor el entorno del histórico puente que cruza el Riachuelo. Los trabajos incluyeron repavimentación de calles aledañas, reparación de veredas, mejoras en la infraestructura pluvial y una renovación del alumbrado público.
Se trata de uno de los puntos de conexión más transitados entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Por este paso circulan a diario decenas de líneas de colectivo, miles de vehículos y peatones, lo que convierte al puente en un nodo clave para la movilidad del Sur porteño.
Al respecto, Ignacio Baistrocchi, ministro de Espacio Público porteño sostuvo: “Con esta obra mejoramos las condiciones de seguridad y circulación de una de las zonas más transitadas de la Ciudad. En el sur seguimos avanzando con intervenciones que mejoran las calles, veredas, alumbrado y sus principales espacios de recreación”.
La intervención supone una mejora en el entorno del puente e incluyó la pintura de su estructura, una repavimentación de la calzada de calles aledañas, la reparación y mejoras de veredas, la renovación de la iluminación y una optimización del drenaje pluvial de la zona.
En la calzada del entorno, los trabajos consistieron en la repavimentación y bacheo sobre 1.200 m² de superficie de asfalto, y la reparación de 1.300 m² de losas y cunetas de hormigón, un material pensado para resistir mejor el desgaste que provoca el tránsito pesado.
También se renovaron 2.185 m² de veredas con tareas que combinan distintas materialidades: hormigón, pavimento y baldosas podotáctiles, que otorgan una superficie antideslizante y garantizan condiciones de accesibilidad para personas con discapacidad visual. Además, se construyeron 11 vados para facilitar el desplazamiento en los cruces peatonales.
Por otro lado, se pintaron más de 5.000 m² de superficie en el muro bajo el puente, rampas, y escaleras, lo que mejoró de forma visible el estado del espacio. La intervención contempló además mejoras de desagüe pluvial para optimizar el escurrimiento del agua de lluvia.
En materia de alumbrado, la obra comprendió la instalación de cinco nuevas columnas de iluminación peatonal, nuevas luminarias en el cielorraso del puente y refuerzo de luz sobre columnas ya existentes, lo que demandó 80 metros de tendido eléctrico nuevo. La mejora de la iluminación bajo y en el entorno del Puente Alsina apunta a reforzar las condiciones de seguridad y la visibilidad en una zona de alta circulación nocturna.
Puente Ezequiel Demonty
El Puente Alsina, hoy llamado Puente Ezequiel Demonty tiene sus raíces en el siglo XIX. En el lugar donde hoy se encuentra, funcionaba el Paso de Burgos, uno de los cuatro puntos principales de conexión entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires a mediados de los años 1800. El primer puente fue inaugurado en 1855, pero una crecida lo derrumbó ese mismo año. Un segundo puente de mampostería, construido en 1856, también tuvo corta vida: debió ser reemplazado al año siguiente. Recién el tercero, construido con maderas duras, logró cierta permanencia, hasta que en 1910 fue sustituido por una estructura de hierro.
El puente actual data de 1938. Conocido como el “Nuevo Puente Alsina”, fue una iniciativa de Pablo Calatayud, ministro de Obras Públicas del general Uriburu, y fue proyectado por el ingeniero José María Pérez. De estilo neocolonial y carácter monumental, fue inaugurado el 26 de noviembre de 1938 por el presidente Roberto Ortiz y el gobernador bonaerense Manuel Fresco, y bautizado luego con el nombre de Uriburu. Pero el nombre “Puente Alsina”, como más se lo conoce es en homenaje al gobernador bonaerense Valentín Alsina.
Sin embargo, el Congreso de la Nación aprobó en 2015 el cambio de denominación, llamándolo puente Ezequiel Demonty, en conmemoración del joven, asesinado allí, víctima de brutalidad policial.